domingo, 18 de abril de 2021

Mapa conceptual sobre Los paisajes transformados en España


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lunes, 5 de abril de 2021

Horacio Quiroga: A la deriva

El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña1!

Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.

-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!

-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.

-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!

La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.

-Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.

Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.

Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.

El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.

La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.

La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.

-¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.

-¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.

El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.

El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.

El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.

El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.

¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.

Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.

De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.

¿Qué sería? Y la respiración…

Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo… ¿Viernes? Sí, o jueves…

El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.

-Un jueves…

Y cesó de respirar.





lunes, 8 de febrero de 2021

miércoles, 13 de enero de 2021

Mapa conceptual sobre Europa y la Unión Europea


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También puedes imprimirlo para ponerlo en el cuaderno de clase.
 

Europa y La Unión Europea by mangabri on Scribd



En este vídeo podrás entender cuáles son las siete instituciones básicas de la Unión Europea


EL ORIGEN DE LA UE
La idea de crear una Unión de países europeos tiene que ver con la Segunda Guerra mundial y con un discurso dado por el político francés Robert Schuman en 1950.

a) Explica en un párrafo por qué surgió esta idea y cuáles fueron los primeros acuerdos (hasta 1957)
b) ¿Dónde se firmó el tratado de fundación de la CEE, origen de la UE?
c) ¿Qué objetivos tenía en su inicio la UE, llamada entonces CEE?

Mira el mapa de incorporación de los diferentes miembros a la Unión Europea y contesta:

a) Nombra los seis países fundadores de la Unión Europea, antes llamada CEE (Comunidad Económica Europea) en 1957.
b) Nombra qué países entraron a formar parte de ella en 1973 (la Europa de los Nueve).
c) Nombra los países que formaron la Europa de los Doce en 1981 y 1986.
d) Nombra qué nuevos países entraron en la Unión Europea en 1995 (Europa de los Quince).
e) Qué países han entrado en la Unión Europea en el 2004 y en el 2007.
f) ¿Cuál ha sido el último país en entrar en la UE? (tendrás que investigarlo porque no aparece en los videos)
g) Nombra algún país que haya solicitado su incorporación a la UE, pero que todavía no forme parte. (también tendrás que investigarlo)



domingo, 22 de noviembre de 2020

Mapa conceptual sobre los pueblos germánicos

 Los germanos habían emigrado hacia el imperio desde el siglo III d.C, debido a la necesidad de obtener nuevas tierras ante un constante aumento de población. Este ingreso fue pacifico, pero luego, a fines del siglo IV y sobre todo en el siglo V d.C, muchos pueblos germanos se abalanzaron sobre los territorios romanos, presionados por los hunos. 
La situación se hizo aún más grave para el Imperio Romano de Occidente cuando los hunos, bajo el mando de Atila, invadieron el Imperio. Durante estas invasiones, las ciudades fueron saqueadas y las rutas comerciales bloqueadas, por lo que la mayoría de sus habitantes huyeron al campo, dando inicio a un proceso típico de la Edad Media denominado ruralización. 
Luego de la derrota de Atila, en 451 d.C, lo cual fue el último logro militar del Imperio Romano occidental, los hunos salieron de Europa occidental, de vuelta a las estepas asiáticas, pero los germanos ya estaban instalados en las distintas provincias del imperio. Cuando un jefe tribal germano derrocó al último emperador romano, en 476 d.C, se puso fin a una situación de hecho: los germanos estaban firmemente instalados en Occidente. 
El Imperio Romano occidental ya no existía.





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domingo, 15 de noviembre de 2020

Clases de determinantes y clases de pronombres






Clases de determinantes

Clases de pronombres

Esquema general de la morfología en español



 

miércoles, 4 de noviembre de 2020